Este cálao no es igualmente numeroso en toda su area de dispersión ya que prefiere permanecer en las estepas boscosas y los bosques de montaña, evitando las verdaderas selvas vírgenes. Además, prefiere las zonas abiertas, y en ocasiones llega a las proximidades de los poblados. A diferencia de otras especies de la familia, gran parte de su existencia transcurre en el suelo, como ocurre con los demás cálaos cuervos en general. Camina como los cuervos, y en el suelo es donde halla la comida que precisa.
Cuando está excitado, el macho adopta las actitudes más extrañas. Ensancha la cola y la recoge después como los pavos, hincha la garganta y se arrastra por el suelo, en un intento de adoptar el aspecto más fiero posible. Su vuelo es ágil y ligero; en cuanto alcanza cierta altura, ondula y permanece suspendido largo rato; como sus afines, no suele recorrer grandes distancias de una vez. En cuanto percibe algo sospechoso, se yergue, abre el pico y contempla la causa de sus temores.
El cálao cuervo busca su alimento, sobre todo, en los lugares donde ha ardido la hierba; y cuando un individuo del grupo descubre una serpiente, llama en su ayuda a tres o cuatro compañeros; todos ellos atacan al reptil de costado, protegiéndose con las alas y, en su momento, le asestan mortales picotazos.
Este cálao causa grandes estragos entre los ratones y las serpientes de peqeño tamaño, razón por la cual es domesticado por los etíopes, que lo dejan en libertad en sus poblados.
El grito del cálao cuervo es típico; pese a su tono grave, puede ser oído hasta a cuatro kilómetros de distancia. Es más fuerte y frecuente en el período del celo, durante el cual camina en actitud orgullosa y digna.






